martes, 11 de diciembre de 2007

Tributo

TRIBUTO Y HOMENAJE

A Carlitos Ginés
A Cesar Llanos (Tarzán)
A Oscar Rovito (Tarzanito)
A Poncho Negro
A Fachenzo el Maldito
A Hector Bates
Al Cisco Kid
A Rin Tin Tin
A Lassie

A la pelota Pulpo de goma
Al Cerebro Mágico
Al Metegol
A las figuritas Starosta
Al abuelo José
Al abuelo Ferrero (don Angel)
A la abuela Ramona
A la abuela Luisa
A Bat Masterson
A Maverick

A Valentín Alsina
Al Toddy
Al Racing Club
A Orestes Omar Corbatta
A Federico Sacchi
A Titanes en el Ring
A Martín Karadagián y al Indio Comanche
A Pedro Goytía
Al Caballero Rojo
A Narciso Ibañez Menta
A Los 5 Latinos
A Augusto Bonardo
A Orlando Marconi
A Cinemaspesos
Al Fantasma de la Opera
A Operación Cero
Al Club del Clan
A Los TNT (Tim, Nelly y Tony)
A Distrito Norte
A La Salada
A Billy Caffaro
Al Cine Carlos Gardel
A Alberto Castillo
A Amelita Vargas
A Los 5 Grandes del Buen Humos
A Pepe Iglesias (El Zorro)
A la placita
Al Anuario de Oro de Patoruzú
A la revista El Tony
A Dartagnan y a Hora Cero
Al Eternauta
A la Escuela Hipólito Yrigoyen (N°13)
A la señorita Stella Maris
A los pibes del barrio
A la rubia de trencitas
Al tranvía en el empedrado
Al colectivo 128
A Edith, la profesora de piano
Y a Santiago, el muchacho grande
Es decir,
A nuestro queridos padres
Y a todas aquellas cosas que ya no existen
Y que jamás volverán.

FIN

FIN

FINAL !!!

lunes, 26 de noviembre de 2007

Valentín Alsina

Una vez me dijo un amigo que las zonas industriales de Lanús y Avellaneda tenían un irresistible parecido con los barrios obreros de Londres. No puedo suscribir esta afirmación porque yo nunca anduve por Londres, pero la palabra de mi amigo me merece la mayor confianza.
Los Beatles
no dejaban de ser, por otra parte, cuatro muchachos de un barrio obrero de Liverpool.

Y el Racing Club de Avellaneda, en épocas de su inaudita quiebra, fue llamado por el diario El País de Madrid: “El club de un barrio obrero de Buenos Aires”.
Valentín Alsina está en Lanús, pero casi en el borde de Avellaneda. Y a barrio obrero no le gana nadie.
(O por lo menos no le ganaba nadie).
Yo caminaba entre tornerías y talleres metalúrgicos. Yo desandaba mis pasos entre los frigoríficos y las curtiembres. Y a veces pasaba al costado de los corralones y las barracas. Circulaba el tranvía por el empedrado del Boulevard Alsina y los hombres bebían por las tardes en los mas oscuros almacenes y bares de la zona.
Valentín Alsina, mi barrio, no se representaba en colores.
Valentín Alsina era gris, blanco y negro (y a lo sumo marrón y ocre).
En Cali se aparecían los sonidos. La emoción de la marcha “A mi Bandera” y la melancólica melodía de “Aurora”. Yo merodeaba por el Libro Anual de Patoruzú y por la magia de El Eternauta.
Quiero decir que tanto él como yo anduvimos después por los caminos del mundo y de la Argentina.
La vida nos dio de a poco la magia, el amor, la muerte, el dolor y la esperanza peregrina.
Y a pesar de todo nunca dejamos de ser dos ingenuos muchachos de Valentín Alsina.

martes, 20 de noviembre de 2007

Amábamos tanto a Clint Walker


Clint Walker, un geminiano, y (además con un hermano gemelo), nació en Hartford, Illinois, en el norte de los Estados Unidos. Eran los años de la Gran Depresión y su familia por entonces viajaba de pueblo a pueblo, buscando trabajo. Clint comenzó su propia vida errante a la edad de 16 cuando dejó la escuela para trabajar en una fábrica y luego se unió a la marina mercante, a la edad de 17. Tuvo una joven vida aventurera, recorrió los mares del mundo, trabajó en los campos petrolíferos de Brownwood, en Texas, fue bañero en Long Beach, California, y luego en Las Vegas, donde trabajó como adjunto de sheriff en el Sands Hotel. Allí, se reunió con muchas celebridades que por su pinta y su estampa lo recomendaron para Hollywood. . Debutó en la famosa película de Cecil B. De Mille llamada “Los Diez Mandamientos” y enseguida fue elegido para el papel de "Cheyenne Bodie" en la serie CHEYENE que duró ocho años, desde 1955 a 1962. Tanto Cali como yo amábamos esta serie y solíamos verla los miércoles a las ocho de la noche por el Canal 13. Clint luego desarrolló una carrera actoral pareja y prestigiosa y hasta en algún momento se animó a cantar porque también es un muy buen cantante. Hoy es un hombre activo pero retirado de la actividad cinematográfica. Hace poco cumplió los 80 años y junto con su esposa Susan lleva adelante él mismo ( sin contratar diseñador)el sitio web http://www.clintwalker.com y ante la lluvia de mails que recibe de todas partes del mundo hace poco escribió "Es motivo de un gran honor para mi haber influido de manera positiva en la vida y en las emociones de tanta gente"

Clint Walker

CHEYENNE

lunes, 19 de noviembre de 2007

El día en que Cali me hizo escuchar Yesterday




En estos tiempos que corren todo parece estar apartado en compartimientos estancos.
Tenemos por aquí el sexo sin amor.
Tenemos en otro lado el compás de la sin razón y el ritmo obsesivo y primitivo de una música sin melodía.
Y tenemos además las canciones repetidas, la agresión al propio cuerpo y los metales atravesando la carne y los tatuajes.
Ya se está yendo el 2007 y muchos observan (¡Y se consideran “modernos”!) los comportamientos milenarios de algunas tribus africanas.
Otros bailan durante horas y asistidos por pastillas, al rítmico sonido de cualquier cosa que se reitere en el tiempo musical del pentagrama.
Otros saltan como monos en los recitales al ritmo del “pogo”.
Y algunos otros modernos recurren al reggaetón, al hip hop (¿Que será eso?) y a cualquier otro movimiento parecido al de los simios.
Antes no era así.
Se los juro.
Una noche (y mientras dormía en Valentín Alsina) Calí llegó con un Long Play de Los Beatles.
Help!
, para ser exactos, que había comprado a medias con Oscar Crespo, el diariero.
Y en el sexto surco del lado B me despertó para hacerme escuchar Yesterday.
Yo estaba bastante cansado de los ajetreos del secundario y de algún picado ocasional en el barrio y apenas abrí los ojos y presté atención con mis oídos a semejante canción.
Una canción que tanto él como yo pensamos que habría de ser eterna como un Agujero Negro y como la materia del Universo Oscuro
Aunque debo confesarles, viendo las cosas que pasan hoy, que eso es algo de lo que no estoy muy seguro.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Tarzán (y Toddy) en la Radio


Manuel Puig dice en uno de sus libros que la nostalgia es el sufrimiento originado por el deseo incumplido de regresar. Todos deseamos volver al pasado, a la juventud pasajera, a los amores inolvidables, al barrio que dejamos hace mucho tiempo y a la tierra que nos vio nacer.
Añoramos regresar y volver tras nuestros pasos porque ya no soportamos el dolor de la ausencia de lo que ha quedado atrás.
¿Qué es lo que nos lleva a sacar una foto del álbum de los recuerdos, a leer la primera carta de amor que recibimos por correo, o a buscar el pasaje de aquel primer viaje en avión que guardamos entre las hojas de un libro improbable?

Nada ni nadie puede contestar esta pregunta.
Yo mismo a veces ando recorriendo la ciudad cargado con mi cámara digital y retratando todo lo que se representa ante mis ojos, y me pregunto muchas veces porque lo hago.
Amo a Buenos Aires. Cualquiera lo sabe. Y lo hago de una manera militante.
Pero el paso inexorable de los años le ha ido agregando calor a mi militancia.
Todas mis pasiones se atenúan con el paso del tiempo. Excepto mi amor por Buenos Aires.
Y sin embargo pienso como Manuel Puig (Y como Torre Nilsson en Boquitas Pintadas), que cualquier documento que testimonie nuestro amor concluye (como en la película) quemado por el incinerador de un oscuro edificio de departamentos y sin que nada ni nadie pueda evitarlo.
Cali participa de estos conceptos, aunque es un tanto menos melancólico que yo.
El percibe los sonidos y yo las palabras.
Así ha pasado todo desde entonces.
Cuando escuchábamos en la radio al Tarzán de Oscar Rovito y Cesar Llanos.
Juntos con el Cali.
Mi hermano.

sábado, 10 de noviembre de 2007

La Primavera del 67

En la primavera del 67 el mundo era un lugar maravilloso.
Yo sé que habrá quien haga objeción inmediata de esta frase.
Seguramente citará la existencia del dictador Onganía (a quien nosotros llamábamos "Poronga-mia"), de la guerra de Vietnam y de la cercana muerte del Che Guevara.
Lo acepto.
Pero yo les diré que Cali tenía por entonces diecisiete y yo diecinueve años.
Vivíamos en un hotel de Juncal y Callao y componíamos nuestras primeras canciones. Jugábamos al bowling en el Bowling Club. Escuchábamos a Herman Hermits, a The Tremeloes y a los Bee Gees. Viajábamos a dedo a Mar del Plata, comprábamos el album Sargeant Peppers de Los Beatles y tomábamos sol en la playita de Saint Tropez.
El mundo era de verdad maravilloso.
Yo amaba mis libros y mis discos y en Villa Gesell cantaba con Cali en los fogones de la playa.
Eran los tiempos hippies del verano del amor, de los primeros porros y de las primeras novias y de las primeras chicas en minifalda.
Y Racing ganaba por entonces la Copa del Mundo con el gol del Chango Cárdenas.
Disculpen si soy cargoso.
Pero en 1967 el mundo era un lugar maravilloso.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Eladia Blázquez y el Racing Club

En medio de la nostalgia, hoy publico esta disgresión mas reciente en el tiempo:

El día que conocí a
Eladia Blázquez

Todos saben que ya he escrito muchas cosas en torno a
Racing.
El club del sur de la ciudad.
El club de mis amores.
El club de mi viejo.
El club del
Cali y el de la infancia.
El Racing Club de Avellaneda
Pero ahora, ya que estoy, quiero agregarles que
en una tarde extraña de finales de Septiembre de 1999 ( acaso demasiado humeda y sofocante para ser primavera) la vida me concedió la suerte de conocer a Eladia Blázquez.
Estaba junto a otros músicos— alzando su mano, en el medio de una grabación que intentaba ayudar en la quiebra del club-
"-.Pará, pará." - decía- ".-No me importa el calor,
dejame que me ponga esta bufanda celeste y blanca. No quiero aparecer con el cuello rojo que traje; no tiene nada que ver en este contexto."
Y yo me rogodeaba escuchándola grabar.
"Estar acá, en el estadio, me conmueve (agregó mientras sonreía de una manera melancólica)
"Me hace pensar en mi infancia y en mis padres, que amaban a Racing tanto como yo.
Y Cali ( aunque no es demasiado tanguero) seguramente estará de acuerdo conmigo en esta disgresión.

domingo, 4 de noviembre de 2007

La Barra de Amigos del Barrio




En la vida de los muchachos porteños ha habido siempre cuatro o cinco constantes.
El tango (y luego el rock), los amigos, el barrio, el fútbol, la vieja y algún otro concepto que anda por allí perdido en los tejidos sociales.
Acaso podamos agregar a estas constantes, la novia y el auto.
Pero no demasiado más. Todo gira en torno a eso.
Tanto Cali como yo tuvimos nuestra barra de amigos.
Cali era (y es) un par de años menor que yo.
Así que en un principio, y de acuerdo a como mandan los códigos del barrio, el tuvo algunos amigos de su edad y yo tuve otros un poco mas grandes.
A Cali lo acompañaban Oscar Crespo (el diariero) y Guillermo Nicolao, el hijo de un obeso camionero de la zona que brindaba los mas variados servicios de fletes, o de logística, como se dice ahora.
Y a veces, en verano, llegaba con su camión repleto de sandías para luego venderlas en las veredas del barrio y ganar algunos pesos más.
A mi me acompañaban Roberto Lavinio (el Toto), Néstor Ramón González (CAVA) y Norberto Vanrell (el Loco). Y también Diego Hernán González Vizcaíno, mi primo falso.
Pero luego, con el paso del tiempo, la edad se fue equiparando entre nosotros y al final nos reunimos casi siempre los siete o los ocho, todos juntos.
Fuimos la barra de la esquina, fuimos los muchachos del barrio, y también fuimos jóvenes y hermosos.
No necesito agregar nada más.
Cualquier otro comentario me resulta ocioso.

sábado, 3 de noviembre de 2007

All my loving


Hace algunas décadas atrás las dos bajadas (o explanadas) del Puente Alsina terminaban en una rotonda.
La rotonda de Pompeya, por necesidad del tránsito, fue eliminada primero pero la de Alsina, sin embargo, duró algunos años mas. 
Hoy no hay ninguna rotonda en los extremos del puente. 
Aunque en 1962, del lado de la provincia sí la había. Sobre la rotonda de Valentín Alsina  funcionaban algunos comercios para la gente humilde, como ser locales  de venta de casas prefabricadas y algunos otros de  muebles y artículos para el hogar.
También había un bar (bastante moderno) con la barra de estilo americano, lleno de campanas de vidrios protegiendo los pebetes y los sandwiches de miga, que se llamaba "El Rápido" y que con los años se convirtió en pizzería para luego desaparecer definitivamente.
En la puerta de aquel bar, una tarde helada de invierno, yo escuché por primera vez una canción de Los Beatles. Había concurrido al lugar a esperar a mi tio Norberto y como no tenía ni el dinero ni la edad necesaria para entrar lo esperé en la puerta. Un muchacho atildado y morocho, con los cuellos del saco levantados debido al frío, entonaba a mi lado y de manera permanente el estribillo de "All my lovin´". Era flaco y bastante elegante pero pertenecía claramente a aquello que por entonces la gente llamaba "cabecita negra". Y en lugar de entonar el estribillo original el repetía "Oh my lover" con una imperfecta fonética inglesa.
Luego regresé a la casa de mis abuelos en la calle Darragueira y tuve la oportunidad de ver una foto del cuarteto en una de las últimas páginas de La Razón.
Hoy que los años han pasado y recuerdo todo a la distancia me siento feliz del tiempo en que me tocó vivir.
A las pocas semanas compramos con Cali el LP "With the Beatles".
Y después llegó el tiempo de los otros long plays.
Pero esas historias (y en especial la del día en que Cali me hizo escuchar "Yesterday") se las voy a contar un poco mas adelante.
Cuando las pueda recordar mejor.

viernes, 2 de noviembre de 2007

El Picado



Mi hermano Cali y yo nacimos en Valentín Alsina.
Valentín Alsina es una parte del partido de Lanús que se recuesta sobre la frontera de la Capital Federal. Está pegada al Riachuelo y después viene Pompeya.
Así que para Cali y para mí la vida nos dio desde un principio una cantidad tan enorme de eso que en la ciudad se llama Sur que acaso hubiera sido la envidia de Homero Manzi.
Tal vez nadie llegue a darse cuenta la pasión que había en Alsina por el fútbol.
Pero no la pasión insana de ahora.
La pasión entonces significaba alegría, vitalidad y esperanza.
En cada zona, en cada esquina, había un "picado". El picado significaba el fútbol espontáneo y el poner de manifiesto la creatividad de cada uno de nosotros.
Cada barrio tenía muy buenos jugadores. Algunos eran continua manija del equipo y otros eran de una calidad casi exquisita. En tal sentido recuerdo a Gasoli. Un flaco casi genial que jugaba parado y pisando la pelota mientras los otros pasaban de largo.
No sé si Cali lo recordará . Y cuando lea estas líneas acaso su nombre se le pase de largo.
No me importa demasiado.
El a veces recuerda otros jugadores que yo desconozco o que ya se han borrado de mi memoria.
En aquellos tiempos se vivía una pasión desenfrenada por la pelota. Y de tanto jugar; se aprendía
la pegada, la gambeta, la cintura, la pisada, y etcétera.
En mi barrio, había "picados" a toda hora. Con pelota de goma - Pulpo - o con
pelota de cuero - tipo profesional – que algún muchacho con dinero había comprado para la ocasión . (el dueño de la pelota, por supuesto, siempre jugaba el picado)
Entonces se jugaba desde el mediodía hasta la noche bajo la última luz del atardecer, hasta que exhaustos de tanto correr regresábamos a casa para ver en la tele la serie “Cheyenne” .
Se jugaba en arcos chicos, se jugaba en cancha grande y se jugaba en la calle.
Se jugaba, siempre se jugaba a la pelota.
Esa es toda la historia
Y el recuerdo indestructiblede aquellos picados permanece por siempre en mi memoria.
Sin que nada pueda evitarlo.
Sin que nada pueda borrarlo.

jueves, 1 de noviembre de 2007

De Chicos


De chicos con mi hermano Cali jugábamos a muchas cosas.
En un principio (y esto lo digo al azar) les diré que jugábamos a las “figuritas”.
Unos pequeños círculos o rectángulos troquelados que se compraban dentro un sobre que para nosotros guardaban allí dentro, casi la mayoría de los misterios del mundo.
En ese tiempo siempre (o con alguna excepción) las figuritas se dedicaban a temas deportivos y especialmente el fútbol.
Las “figus”, como también las llamábamos de manera apocopada, se coleccionaban luego pegadas en álbumes especiales que al completarse nos otorgaban un improbable derecho a cambiarlos por algunos juguetes en los negocios del barrio.
La aparición de las "figuritas" dio lugar a la creación de una gran variedad de juegos.
Juegos que mezclaban la destreza y el azar y que prefiguraban lo que luego sería nuestra futura vida de adultos en la sociedad.
Una forma típica de estas pequeñas timbas infantiles era la "arrimada", en la que se arrojaban las "figuritas" hacia una pared o línea trazada en el piso y ganaba la que llegaba más cerca.
Otra era el "espejito", que consistía en apoyar una "figurita" contra la pared y tratar de voltearla arrojándole otras.
En la "tapadita" (acaso la que descargaba mas adrenalina) el juego consistía en tapar un número determinado de "figuritas" del contrario con las propias, arrojándolas al planeo desde una pared. En casi todos los casos el ganador se llevaba las "figuritas" del contrario, lo que provocaba un fluido intercambio de bolsillo a bolsillo y los sobresaltos y los llantos consecuentes del enfrentamiento.. Pero eso no era todo, también jugábamos con los soldaditos de plomo. (Cali solía defender el fuerte y yo acostumbraba a asaltarlo sobre el puente de madera con catapultas manuales e insólitas ballestas).
Además andábamos en bicicleta o en monopatín, usábamos revólveres de cebita, jugábamos al balero y a las bolitas, a los trencitos a cuerda, al mecano y a los rompecabezas.
Creo que nuestra infancia fue extraordinaria.
Pienso que nada se le compara.
Y también jugábamos al fútbol en los picados de los baldíos y las plazas.
Aunque de eso me ocuparé en otra entrada.

miércoles, 31 de octubre de 2007

¿Te acuerdas del Club del Clan?

Todo empezó en Canal 11, que en aquel tiempo era conocido como Teleonce. Tenía una mascota, un león, que si mal no recuerdo se llamaba Leoncio. El título del programa era "La Cantina de la Guardia Nueva" y lo pasaban el domingo a tardecita. Algo así como a las 19 horas.
Fue a principio de los años sesenta. Que es lo mismo que decir que fue al principio de todo.
Se desarrollaba en un restaurante (una cantina) y allí compartían la escena los cantantes y los cómicos. Un increíble, flaco, calvo, querible y fumador llamado Dino Ramos conducía el programa.
Al año siguiente el programa ancló en canal 13 y se llamó El Club del Clan.
Tanto el Cali como yo éramos (como se dice ahora) dos pre-adolescentes. O si ustedes quieren (como se decía entonces) dos pendejos bastante boludos.
Sin embargo -y esto quiero dejarlo bien en claro-, jamás nos subimos a la onda del programa. Al contrario, les diré que mientras el país bailaba y cantaba las sencillas canciones de aquel grupo de artistas, nosotros nos reíamos de Cachita Galán, de Nicky Jones y de Perico Gomez.
Y Cali llegaba al paroxismo, muerto de risa, cuando el ridículo de Lalo Fransen en un tic, arqueaba las cejas.
Un par de años después el furor terminó.Y tan solo tres o cuatro cantantes perduraron en el tiempo.A modo de despedida, el 12 de marzo de 1964 se estrenó la película "El Club del Clan". Dirigida por Enrique Carreras que estaba filmada en blanco y negro, como entonces se usaba y que recién en los últimos minutos se convertía en color.
Los tiempos cambiaban. En la Argentina ya habían desembarcado Los Beatles y una ola imparable arrasaba con todo lo anterior.

martes, 30 de octubre de 2007

En un principio fueron Los Plateros

En un principio fueron Los Plateros. (Todavía recuerdo a Don Roberto, el carnicero, diciéndome que eran unos negros maravillosos) Y también recuerdo a Bill Halley en la pantalla de los cines de "Al Compás del Reloj". Aunque la verdad es que éramos demasiado chicos para poder comprobar que todas las cosas que por entonces sucedían ante nuestros ojos fueran realmente ciertas.




En realidad mirábamos todo desde afuera.
Y observábamos bailar a los adolescentes en el cine sin saber bien lo que estaba pasando. Por eso creo que el verdadero principio sucedió allá por el año 60 o el 61 cuando escuchamos por primera vez a los Teen Tops. Y también cuando llegó a nuestro oidos la voz de Enrique Guzmán cantando "Dame Felicidad".


También quiero decirles que el falsete de Jackie y los Ciclones en "Corre Gonzáles" fue, para mí, definitivo y premonitorio.
En ese tiempo los dos comenzamos a sentir, de verdad, que aquella música era nuestra.
Bah, la vida entera era nuestra.
Y también la sangre y la piel que ardían.
Para que voy a engañarlos:
A mi hermano Cali y a mí,
en aquel tiempo
el mundo entero nos pertenecía.