lunes, 12 de noviembre de 2007

Tarzán (y Toddy) en la Radio


Manuel Puig dice en uno de sus libros que la nostalgia es el sufrimiento originado por el deseo incumplido de regresar. Todos deseamos volver al pasado, a la juventud pasajera, a los amores inolvidables, al barrio que dejamos hace mucho tiempo y a la tierra que nos vio nacer.
Añoramos regresar y volver tras nuestros pasos porque ya no soportamos el dolor de la ausencia de lo que ha quedado atrás.
¿Qué es lo que nos lleva a sacar una foto del álbum de los recuerdos, a leer la primera carta de amor que recibimos por correo, o a buscar el pasaje de aquel primer viaje en avión que guardamos entre las hojas de un libro improbable?

Nada ni nadie puede contestar esta pregunta.
Yo mismo a veces ando recorriendo la ciudad cargado con mi cámara digital y retratando todo lo que se representa ante mis ojos, y me pregunto muchas veces porque lo hago.
Amo a Buenos Aires. Cualquiera lo sabe. Y lo hago de una manera militante.
Pero el paso inexorable de los años le ha ido agregando calor a mi militancia.
Todas mis pasiones se atenúan con el paso del tiempo. Excepto mi amor por Buenos Aires.
Y sin embargo pienso como Manuel Puig (Y como Torre Nilsson en Boquitas Pintadas), que cualquier documento que testimonie nuestro amor concluye (como en la película) quemado por el incinerador de un oscuro edificio de departamentos y sin que nada ni nadie pueda evitarlo.
Cali participa de estos conceptos, aunque es un tanto menos melancólico que yo.
El percibe los sonidos y yo las palabras.
Así ha pasado todo desde entonces.
Cuando escuchábamos en la radio al Tarzán de Oscar Rovito y Cesar Llanos.
Juntos con el Cali.
Mi hermano.

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