domingo, 4 de noviembre de 2007

La Barra de Amigos del Barrio




En la vida de los muchachos porteños ha habido siempre cuatro o cinco constantes.
El tango (y luego el rock), los amigos, el barrio, el fútbol, la vieja y algún otro concepto que anda por allí perdido en los tejidos sociales.
Acaso podamos agregar a estas constantes, la novia y el auto.
Pero no demasiado más. Todo gira en torno a eso.
Tanto Cali como yo tuvimos nuestra barra de amigos.
Cali era (y es) un par de años menor que yo.
Así que en un principio, y de acuerdo a como mandan los códigos del barrio, el tuvo algunos amigos de su edad y yo tuve otros un poco mas grandes.
A Cali lo acompañaban Oscar Crespo (el diariero) y Guillermo Nicolao, el hijo de un obeso camionero de la zona que brindaba los mas variados servicios de fletes, o de logística, como se dice ahora.
Y a veces, en verano, llegaba con su camión repleto de sandías para luego venderlas en las veredas del barrio y ganar algunos pesos más.
A mi me acompañaban Roberto Lavinio (el Toto), Néstor Ramón González (CAVA) y Norberto Vanrell (el Loco). Y también Diego Hernán González Vizcaíno, mi primo falso.
Pero luego, con el paso del tiempo, la edad se fue equiparando entre nosotros y al final nos reunimos casi siempre los siete o los ocho, todos juntos.
Fuimos la barra de la esquina, fuimos los muchachos del barrio, y también fuimos jóvenes y hermosos.
No necesito agregar nada más.
Cualquier otro comentario me resulta ocioso.

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